Slow sex es al sexo como Da Vinci al arte

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Prisa, estrés, prejuicio y presión: No compartas cama con ninguno de estos sustantivos

El despertador te suena, con suerte, a las 7 de la mañana, un café rápido apoyado en la pared, coche y atascos, tren y gente. Llegas a una oficina -con suerte, también-, el reloj va despacio, las horas pesan delante de una pantalla y el tic se aleja cada vez más del tac; y el tic se te mete por la retina hasta chocar con tu cerebro, estresado, coartado, aburrido: tac. Te duele la espalda. El médico te aconseja que hagas ejercicio, así que te metes tres días a la semana en otro espacio aséptico como tu oficina, con una luz estridente, a correr como un hámster en una rueda, sin llegar a ninguna parte. Lo llaman gimnasio. Ducha rápida, polo nuevo, una copa de vino, o dos, o tres. Vuelves reventado a casa, cenas mirando la tele, te acuestas al lado de tu pareja con la que apenas has intercambiado tres frases: “Qué rico”, “gracias”, “me voy a dormir”. Follas porque las parejas follan y te planteas levemente si sois pareja porque folláis o folláis porque sois pareja. Algo rápido porque estás reventado, son más de las doce de la noche. No sabes si se ha corrido, tú te corres porque es inevitable. La alarma va a volver a sonar a las 7 de la mañana. 

Vivimos en una fast life donde todo es ipso facto: la comida, los mensajes, Instagram, Amazon… todo, aquí y ahora y, si no, estás fuera. La series las ves a la carta, la comida te la traen a casa, tu ropa está a un click y puedes tener más relación con una persona a 5000km que con tu vecino. El mundo va como un Bugatti sin frenos, a toda pastilla, y para no perdernos nada no podemos parpadear. El slow sex no solo te invita a parpadear, sino que te anima a tocar, saborear, escuchar, investigar y a sentir como nunca. No, no hay buscador en internet que te dé todo lo que el slow sex te puede dar en medio segundo. 0 resultados encontrados, vas a tener que ponerte manos a la obra y salir del redil.

Slow sex es una tendencia sexual cada vez más extendida que busca extender el placer focalizándose en el camino hasta el orgasmo y no en el orgasmo en sí. Para ello hay que liberarse de todo lo aprendido, desechar los prejuicios, librarnos del sentimiento de obligación en el sexo, dejar el estrés del día fuera de las sábanas e invertir tiempo de calidad en nosotros y en nuestra pareja sexual. En otras palabras: estar presente, libre de todo y cubierto de deseo.

 

Derribando prejuicios

Slow sex no entiende de prejuicios y para practicarlo tendrás que olvidarte de todo lo que crees, de todo lo que sabes, y empezar de nuevo desde cero, como si tu cuerpo fuese un nuevo lienzo donde tienes que empezar a trazar. 

La educación sexual recibida hasta ahora, por norma general, se centra en la salud y en la procreación, pero no anima a vivir la sexualidad con libertad ni desmiente mitos como que el sexo anal es de hombres homosexuales o que las mujeres no pueden vivir sin penetración. Estigmas hay muchos y el slow sex te anima a desecharlos por completo para empezar a disfrutar plenamente de tu cuerpo, de tus deseos y de la intimidad con tus parejas sexuales.

 

Es un derecho, no una obligación

Para comer hay que tener hambre, para follar hay que tener ganas. Una especie de atmósfera incolora en el aire nos dice al oído cada sábado “hoy mojas”, como si fuese un ritual, como si hubiese que fichar, pasar lista o contribuir con algo de pseudo placer a este mundo pero, no nos engañemos, estás cansado y solo quieres dormir. 

Más vale un polvo bien echado que tres mediocres e insulsos. Si no te apetece, no lo hagas. No te obligues a dar la talla, a tener más de un orgasmo, a excitarte si quiera. El mundo ya es demasiado cruel a veces como para hacer de un acto maravilloso y tremendamente divertido un mal trago.

 


Oasis

Que tengamos consciencia de lo que es el mundo en este siglo no significa que podamos cambiarlo de la noche a la mañana. Las prisas, lo fast, el ruido… es inevitable. Lo que sí se puede evitar es llevarte toda esa vorágine de cláxones sonando, de timelines y estrés a la cama. Slow sex renuncia a todo lo que no tenga que ver con el presente y el placer; una especie de mindfulness sexual donde lo único que importa es sentir sin preocuparnos por el cómo. Una lectura entre dos cuerpos (o más) que se desata a través del tacto, el sabor, los sonidos. Slow sex es para el sexo lo que Da Vinci para el arte: imaginación, prueba y error y virtuosidad. 

 


Leeeeeento

A fuego lento todo sabe mejor. Olvida los polvos conejeros donde se busca insaciablemente el orgasmo (o mejor, un orgasmo, cualquiera y rancio) y disfruta de cada centímetro de tu compañero como él disfruta de ti. La meta no es el orgasmo, la meta es el placer. Explora, reconstruye tu propio mapa de ruta e intenta anotar en tus recuerdos los sabores implicados, salados, jugosos, líquidos; los sonidos del sexo, como música, percusión entre pieles, compás desenfrenado; el tacto, suave, los recovecos, el vello erizado, caliente.

 

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Empieza a practicar slow sex

  • Olvida todo lo que sabes, reconstruye el sexo desde cero. ¡Ah! Y fuera tabúes.
  • Tócate de arriba abajo dejando los genitales para el final. Antes de disfrutar con alguien tendrás que disfrutar contigo mismo.
  • Olvida el tiempo. El sexo no se disfruta con prisas.
  • Aprende en cada encuentro algo nuevo. Pregunta: la comunicación es fundamental.
  • Céntrate en tus sentidos, qué sientes y qué quieres sentir.
  • No solo busques el placer, disfruta buscándolo.
  • El orgasmo no es la meta, la meta es el buen sexo.
slow sex

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